SECUELAS PSICOLÓGICAS DESPUÉS DE UN ICTUS

Después de un ictus pueden aparecer cambios en la personalidad y alteraciones en la conducta y en la esfera de lo emocional, que, a menudo, son ignoradas en los programas de Rehabiltación, y muchas veces son los síntomas más disfuncionales después de un ictus, y además el impacto de estos síntomas no se da únicamente en la persona afectada, sino también en su entorno más próximo.

Las alteraciones a nivel psicopatológico y conductual más frecuentes en pacientes afectados de ictus son:

  • Irritabilidad y Agresividad:es una de las manifestaciones más comunes del ictus. Se trata de una situación que provoca una mayor dificultad en la integración social de estas personas. Las manifestaciones de irritabilidad pueden ser de tipo verbal, físicas hacia objetos y/o hacia personas. Supone la pérdida de control ante frustraciones de la vida cotidiana.
  • Egocentrismo: en este caso los pacientes acostumbran a tener dificultades a la hora tener en cuenta al “otro”. No hay un funcional reconocimiento de las emociones en los demás. Así pues, se tiende a priorizar en todo momento las propias necesidades, llegando incluso a imponerlas. Esto sumado a la escasa tolerancia a la frustración, lleva a habituales alteraciones de conducta.
  • Apatía:suele caracterizarse por la incapacidad para programar y regular las actividades de la vida cotidiana. Hay una desmotivación general para hacer cosas que antes del ictus, resultaban gratificantes o placenteras. No son capaces de iniciar acciones si no se les proponen.
  • Infantilismo: tendencia o estado de la persona a establecer y mantener en su carácter y comportamiento una persistencia de características que podrían ser consideradas propias de los niños. Aquí estaríamos hablando de la ingenuidad o la irresponsabilidad.
  • Rigidez de pensamiento: hace referencia a la incapacidad para modificar planes preconcebidos. Todo ello, a pesar de que las circunstancias varíen. Obedece a un déficit en el sistema planificador de acciones. Los procesos cognitivos que subyacen a esta conducta son diversos. Pueden ser desde una reducción de la capacidad de la memoria de trabajo, cuya consecuencia podría ser la la imposibilidad para introducir informaciones nuevas y generar cambios adaptativos a la acción ya diseñada.
  • Baja tolerancia a la frustración o reacciones catastróficas: se refiere a reacciones repentinas de llanto, enfado o temor ante la vivencia de fracaso al afrontar una tarea determinada.
  • Ansiedad /o depresión:puede aparecer sintomatología ansioso-depresiva, (sentimientos de soledad, desesperanza, sentimientos de rechazo, etc), devenidos del propio daño cerebral, pero también, por el duelo que supone la pérdida con respecto a las capacidades previas al mismo. Las manifestaciones de depresión dependen de cada persona. Es por ello que su diagnóstico y tratamiento es complejo.
  • Incontinencia emocional:se refiere a la dificultad para regular y expresar las propias emociones. Pueden ser expresiones emocionales inadecuadas en frecuencia, intensidad y duración. Pero también que la emoción no concuerde con el contexto en el que se da, o se dé una alternancia entre emociones diferentes ante un mismo estímulo.
  • Desinhibición: las dificultades emocionales y la irritabilidad pueden desembocar en comportamientos que no son adecuados. Estaríamos hablando de comportamientos alejados de las normas sociales establecidas en un determinado contexto social. Se da un descontrol de los propios impulsos y actúa como si no importaran las consecuencias de sus actos.
  • Delirios: se refiere a una condición que presenta rápidos cambios en el estado mental, que causa confusión y cambios en el comportamiento. Además de pasar de un estado de lucidez a inconsciencia, y de perder contacto con la realidad, puede haber problemas con la atención y la conciencia. Suelen traducirse en forma de ideas extrañas, alucinaciones o pensamientos incoherentes.
  • Fatiga: la fatiga primaria post-ictus puede aparecer en ausencia de otros síntomas depresivos. Se caracteriza por un cansancio extremo o falta de energía y de motivación. Todo ello como respuesta a mínimos esfuerzos físicos y mentales. Pero también, como respuesta a procesos de estrés emocional ante determinadas situaciones.
  • Anosognosia: se refiere a la falta de conciencia sobre la discapacidad y sus consecuencias. Puede tomar diversas formas de manera que, en ocasiones, la indiferencia emocional pueda acompañar a la constatación de la discapacidad.

 

Cómo afrontamos las secuelas psicológicas de un ictus en nuestro Programa de Neurorehabilitación:

Estos síntomas han de ser tenidos en cuenta a la hora de definir los planes de tratamiento. El objetivo no es otro que conseguir un mejor ajuste práctico a la nueva realidad por parte del paciente. Por tanto, desde el área de Neuropsicología realizamos un abordaje de este tipo de problemática de manera integral. De esta forma, tenemos en cuenta aspectos relacionados con la intervención psicológica a nivel cognitivo, conductual y emocional del paciente y familiares. Pero también a nivel médico. En este sentido desde el área de Neurología se realiza la intervención farmacológica. En esta línea, servirá para el apoyo de la rehabilitación psicológica en todo el proceso neurorrehabilitador

Yolanda Buriel Jiménez. Neuropsicóloga. Centro CRECEN

TERAPIA DUAL EN EL DAÑO CEREBRAL: Practica en casa!

La Terapia Dual nos permite entrenar tareas motoras y tareas cognitivas al mismo tiempo lo que supone una ventaja adicional respecto al enfoque rehabilitador tradicional.

Los pacientes con daño cerebral por un Ictus, Traumatismo craneal o con Esclerosis Múltiple a pueden presentan importantes déficits cognitivos y motores, como alteraciones en la atención y memoria.

En nuestra actividad diaria, de forma casi constante exigimos a nuestro cerebro que trabaje al mismo tiempo en dos tareas diferenciadas, por ejemplo andar y hablar por teléfono. Esta activación combinada del cerebro para dos tareas con fines independientes y no relacionadas, es lo que se conoce como “Dual Task”.

En la Terapia Dual para el Daño cerebral intentamos aproximarnos a lo que ocurre en nuestra vida cotidiana, realizando con nuestros pacientes terapias motora-motora (como ir caminado y a la vez hablando), o motora cognitiva (caminar  y resolver cálculos matemáticos) consiguiendo una  mayor activación cerebral

Yolanda Buriel Jiménez. Neuropsicóloga Centro CRECEN

EL SÍNDROME DEL CUIDADOR: Se puede evitar?

El llamado “ Síndrome del Cuidador” es un trastorno que afecta a las personas que desempeñan el rol de “cuidador principal” de una persona que sufre una enfermedad crónica, lo que normalmente supone un cambio importante en su forma de vida. Los “cuidadores” sufren un agotamiento físico y psíquico, ya que tienen que afrontar de repente, una situación nueva, para la que no están preparados y que consume todo su tiempo y energía.

El “cuidador” suele ser una mujer, familiar directo del afectado, que asume las responsabilidades derivadas de la enfermedad y que a medida que pasa el tiempo va asumiendo el cuidado del familiar al completo renunciando, muchas veces, a sus actividades propias.

 Los principales síntomas del Síndrome del Cuidador son:

  • Agotamiento físico y mental
  • Labilidad emocional: cambios de humor repentinos
  • Depresión y Ansiedad
  • Conductas de consumo abusivas: tabaco, alcohol
  • Trastorno del sueño
  • Alteraciones del apetito y del peso
  • Aislamiento social
  • Dificultades cognitivas: problemas de memoria, atención
  • Problemas laborales

Para evitar la aparición de este síndrome, es importante que los terapeutas implicados en la rehabilitación del enfermo (médicos, enfermeras, fisioterapeutas…) informen y asesoren al familiar, para poder disminuir el impacto de la enfermedad en la vida diaria

Yolanda Buriel Jiménez. Neuropsicóloga. Centro CRECEN

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN DESAYUNO. “Un desayuno escaso duplica el riesgo de aterosclerosis”

La Aterosclerosis en un factor de riesgo bien conocido de ictus. De acuerdo a las conclusiones del estudio Progression and Early Detection of Atherosclerosis (PESA), del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), liderado por su director, Valentín Fuster, un desayuno escaso, que contenga menos del 5% de las calorías diarias recomendadas –100 calorías para una dieta de 2.000–, duplica el riesgo de lesiones ateroscleróticas independientemente de los factores de riesgo típicos, como el tabaco, el colesterol elevado y el sedentarismo.

Los resultados del estudio PESA, publicados en The Journal of American College of Cardiology (JACC) indican que saltarse esta comida podría servir como marcador de unos hábitos alimenticios y de un estilo de vida poco saludables.

En este estudio más de 4.000 individuos de edad intermedia son controlados a largo plazo mediante técnicas de imagen. A edades tempranas, las placas ateroscleróticas –acumulación de grasas en las paredes de las arterias– ya empiezan a desarrollarse, aunque no haya síntomas. El objetivo de PESA es caracterizar la prevalencia y la tasa de progresión de las lesiones ateroscleróticas latentes –que no han dado ningún síntoma– y estudiar su asociación con factores moleculares y ambientales, incluyendo los hábitos alimentarios, la actividad física, los biorritmos, las características psicosociales y la exposición a contaminantes ambientales.

Los investigadores han analizado la relación entre tres patrones de desayuno y los factores de riesgo cardiovasculares para averiguar si saltarse el desayuno normal se asocia con aterosclerosis subclínica (que no ha dado ningún síntoma). Para ello se analizó la presencia de placas ateroscleróticas en diferentes regiones: arterias carótidas y femorales, aorta y coronarias, en una población sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

En este trabajo, el 20% de los participantes tomaba un desayuno con alto valor energético (20% de las calorías diarias), el 70% un desayuno de bajo valor energético (entre 5% y 20% de las calorías diarias), y un 3% desayunaba muy poco o nada (5% de las calorías diarias).Estos últimos apenas invertían cinco minutos en desayunar un café o un zumo de naranja, o incluso omitían esta comida. Su dieta era menos saludable y tenían mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular. José María Ordovás, coautor del trabajo, agrega que “no desayunar podría ser un verdadero marcador o incluso un factor de riesgo para estas fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica”.

Gracias a los estudios con ecografía vascular, los investigadores observaron una presencia hasta 1,5 veces mayor en el número de placas ateroscleróticas y una afectación de hasta 2,5 veces más en el grupo que se saltaba el desayuno respecto al que tomaba un desayuno más potente, explica lIrina Uzhova, investigadora del CNIC y primera autora del trabajo.

Estudios poblacionales anteriores han demostrado que desayunar bien está relacionado con menor peso, una dieta más saludable y un menor riesgo de desarrollar factores de riesgo cardiovascular, como colesterol elevado, hipertensión o diabetes.

Además, se sabe que ciertos factores asociados con el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares son modificables mediante cambios en el estilo de vida. Por ello, la dieta es un objetivo principal de las estrategias de prevención.

¿Qué es un producto de apoyo? ¿Lo necesito? Quién puede asesorarme?

Si has sufrido un ictus, tumor cerebral, traumatismo, o padeces una Enfermedad de Parkinson, puedes tener dificultades para realizar actividades de la vida diaria con las manos (por ejemplo, usar cubiertos, escribir, darte los botones de la camisa, calzarte…).

En estos casos, encontrarás una gran ayuda en los llamados productos de apoyo (“ayudas técnicas”), disponibles en el mercado. Son muchas las opciones presentes en la actualidad: productos para el cuidado personal, la alimentación, la escritura, etc.

Debido a la gran oferta que podemos encontrar, es fundamental que te valore y asesore un profesional, como es la TERAPEUTA OCUPACIONAL, que orientará a pacientes y familiares de cara a la compra del producto que más se ajuste a su situación, encontrado generalmente en ortopedias.

Lorena García Tavera.Terapeuta ocupacional. Centro Crecen

¿MI HIJO TIENE AUTISMO?

Existen unas “señales de alarma”, características en cada etapa del desarrollo del niño, que nos pueden hacer sospechar que nuestro hijo podría tener un posible “Trastorno del Espectro Autista “(TEA).

Los “signos de alarma”  más evidentes y característicos del autismo son los siguientes: Desde casi el nacimiento, el niño no mira a sus padres para llamar su atención ni responde a su voz, no comparte la sonrisa social con sus seres más cercanos, ni responde a su nombre (no gira la cabeza al escucharlo, no emite sonidos…), tiene poco interés en ver lo que pasa a su alrededor (sonidos, luces, voces…) y no fija la mirada.

Hacia los 9 meses no hay evidencia de gestos comunicativos como señalar (para pedir o mostrar algo), decir adiós, hacer palmitas…Se interesa solo por ciertos objetos y no practica el juego imaginativo. No es capaz de imitar gestos o acciones del adulto.

Son niños que no respetan turnos ni la reciprocidad de las actividades (“toma” y “dame”). Carecen de interés por los niños de su edad, y en ocasiones cuando interacciona con los adultos, parece que lo hace como medio para conseguir algo.

Hacia los 2 años es característico la ausencia del lenguaje o su uso atípico (lo utilizan de forma literal, sin entender metáforas, dobles sentidos, bromas…). Son niños con falta de empatía, que no responden a las expresiones faciales o sentimientos de los demás.

Ante estas señales y ante la posibilidad de que nuestro hijo/a padezca un TEA debemos acudir a un Psicólogo Infantil experto en Atención Temprana, para realizar una evaluación más a fondo. Ya que en ocasiones no se trata de un TEA, sino de un “retraso en el desarrollo en las habilidades de comunicación” del niño por diversas causas, y con una intervención precoz de Pciólogo y logopeda, puede remitir y hacer que el desarrollo de nuestro hijo tome un curso normalizado y sin consecuencias negativas a la base, que le permita una integración completa en su entorno próximo.

Andrea González Sierra. Coordinadora Unidad de Atención Temprana del Centro Rodero http://centrorodero.es/unidad-atencion-temprana/

La Rehabilitación post-Ictus debe iniciarse de forma Precoz

Numerosos estudios han demostrado que la rehabilitación iniciada de forma precoz tras un ictus mejora el pronóstico de recuperación funcional final.

Se ha comprobado, que la recuperación de los déficits neurológicos sufridos a raíz de un ictus (problemas de movilidad, marcha, habla, sensibilidad…) ocurre en los primeros meses: hasta un 85% de la recuperación se producirá en las primeras 8 semanas y hasta un  95% en las primeras 13 semanas. En los Ictus más graves se puede alcanzar en las 13-15 semanas el 95% de la mejoría.

Esto se debe a que en los primeros meses después de un Ictus existe una mayor “neuroplasticidad cerebral”, o capacidad de las neuronas para reorganizarse y establecer nuevas conexiones, tras la estimulación cerebral por técnicas de rehabilitación de entrenamiento o re aprendizaje de nuevas funciones.